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Tacones del quince

Ella sabía que la querían matar, pero no permitiría que su fatal destino se cumpliera. Se acomodó su minifalda, ató sus tacones dorados de quince centímetros de altura, se ajustó el sostén y se maquilló por enésima vez aquella noche.

La muerte no se la podría llevar con aquella cara tan grotesca, pavimentada de colores chillantes. Salió, decidida a enfrentar su destino y a vencerlo.

La "Kola-loka" reventaba de rabia, era un animal enjaulado que buscaba con desesperación una salida; a ella nadie le quitaría su macho y viviría para contarlo.

Desgreñada, con el maquillaje formando una masa informe sobre su rostro congestionado y con el odio más grande de su vida, tomó el cuchillo y salió hecha un torbellino de furia y despecho.

El choque fue más terrible de lo que hubiéramos podido imaginar. El cuchillo de la "Kola-loka" voló por los aires en su primer intento de penetrar la carne de la traicionera amiga, después formaron un nudo humano imposible de desatar hasta que el tacón dorado de quince centímetros penetró directamente el corazón de la "Kola-loka".

-¡Yo sabía que la muerte no me podía llevar con esta cara!- gritó. Y se fue, renqueando sobre su tacón del quince.

Martín Agustín de Nava Martínez

©2001

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